martes, 18 de octubre de 2011

Frontera Rusia-Mongolia


Vodka, Rusos borrachos, cerveza, mas rusos borrachos, mas vodka, un holandés pasa a nuestro lado borracho, coño! Otro ruso borracho, mas vodka… 3 españoles borrachos.

Ese ha sido más o menos el resumen de nuestra segunda etapa del transiberiano. Si la primera etapa sirvió para la toma de contacto con Rusia y para la reflexión personal, esta ha sido la locura, al final los rumores eran ciertos y en los trenes se puede montar la de san quintín en un momento. 

Lo primero es lo primero, paramos en la frontera rusa a eso de las 2 de la tarde, dejando nuestras mochilas en el tren obligatoriamente (pedí permiso para bajarme la mochila con las cosas de valor) para que hicieran el cambio de vía del vagón, ya que sería el único que cruzaría a Mongolia. Nos citaron 2 horas después y nos recomendaron ir al pueblo a comprar víveres y entretenernos un rato. Nosotros no nos entretuvimos mucho, pero las moscas se lo pasaron de lo lindo a nuestra costa, así que decidimos volver a la estación no sin antes comprar 6 cervezas de medio litro para pasar la noche que nos llevaría a Ulán Bator, previendo que la noche iba ser tranquila.

Hasta las 17:00 más o menos no volvimos a subir al tren, así que nos dio tiempo a conocer a Bob (un mongol que su familia regenta un hostal en UB), a Sitges, un holandés con el que compartíamos habitación en el tren y sobre todo a Sasha, un gran ruso que no hablaba ni papa de ingles pero con el que manteníamos conversaciones bastante fluidas, lo que no sabíamos es que Sasha era como los gremblins… no les mojes, sobre todo si es con vodka.

Ya en el tren y pasado el pertinente registró por parte de la policía rusa, pasamos la frontera, cruzamos de país y entramos a Mongolia. Otra parada de 1 hora y media, otro registro, mas pasaportes de aquí a allá y voila! Sorpresa! A la vuelta al vagón, nuestro gremblin ruso particular nos había dejado una botella de vodka y una de Aloe Vera en el compartimento.

El tren se puso en marcha y no tardo ni 5 minutos en aparecer Sasha, en sentarse, en abrir la botella y en empezar a servirnos vodka mongol (bastante mejor que el ruso). A partir de aquí lo tengo todo difuminado, peleas de kung fu con Sasha, pulsos con Sasha, Sasha metiéndole mano a Olga (una chica rusa del compartimento de al lado, que estaba acojonadita perdida la pobre)…  Solo sé que el vagón se convirtió en una especie de rave improvisada donde todos íbamos al compartimento de los demás y los rusos eran omnipresentes en todos.  

Cómo debimos montarla que el policía del tren nos llamó la atención repetidas veces y estuvo a punto de llamar a la policía para que detuviera el tren, al final Sasha y sobretodo un amigo suyo eran dos tipos peculiares pero dignos de conocer. Espero que les vaya bien! Igual nos vemos, nos invitó a su casa del lago Baikal e insistió en que fuéramos alguna vez.

En definitiva, que perdí un pulso y le intente desafiar a vodka pero me eche atrás cuando me dijo que él se bebía 3 botellas a pelo de 1 litro sin problemas, así que mejor no intentarlo. Lo siento chicos, pero en esta ocasión España ha perdido contra Rusia, prometo seguir entrenando de vez en cuando.

Ahora ya llevo dos días en UlaanBataar y la ciudad tiene algunas cosillas para ver. De todas formas subiré la entrada de Mongolia una vez vuelva del Gobi, que será dentro de unos 8 días.

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